Aquellas pequeñas cosas



Cuando era chica todos los domingos iba a la casa de mi abuela a almorzar fideos. Era una fija: no iba otro día y el menú era siempre el mismo. El juego era succionar el fideo con fruición, acariciar lentamente con la lengua su delicada textura, que el fideo se deslizara hasta el interior de la boca empapando los labios con el tuco que se resbalaba hasta las comisuras y caía inexorablemente en el mantel o en la remera que llevabas puesta. Solo bastaba que algún primo buchoneara el incidente y el juego se acababa al instante con el grito de un adulto.
Hoy volví otra vez a esa infancia, a la parte divertida, a salpicarme la cara con salsa sin que nadie me retara, a manchar toda la mesa sin que ningún adulto me censurara, y como estoy más grandecita pude hacer todo eso sin mancharme la remera. ¡Menos mal! Porque todavía no aprendí a usar el lavarropas.

Pío pío

Claro, era ilógico esperar escuchar por la mañana el cantar del zorzal criollo, pero tampoco esperaba encontrarme con el piar de un pájaro que sonara a escupitajo mezclado con bocina asfixiada y grito de gato resfriado cuando le pisan la cola. Un horror.

Carrefour chino

La ventaja de las marcas internacionales es que pueden reconocerse fácilmente, no importa el idioma en el que estén. Coca cola, Sprite, Colgate, Carefree, Loreal y otras pueden ser fácilmente identificadas por el logo o los colores.
Para las otras cosas como las frutas, las verduras y los millones de "no sé qué" puede resultar un poco más complicado si una no la juega de local, como es mi caso. Me habían dicho que había lugares donde te cocinaban en el momento la comida que elegías, pero no pensé encontrarme con algo así en un Carrefour. Peces nadando en una pecera, cangrejos, sapos o ranas, todos vivos y a elección del cliente, listos para ser ajusticiados a gusto del consumidor.
De más está decir que en mi primera visita al hipermercado compré solo arroz, aceite de no sé qué, repollo colorado, uvas (¡¡gigantes!!), una fruta riquísima que no sé qué es y una especie de fideos condimentados que ya había visto en el porteño barrio chino. Picantísimo, por supuesto.






Caperucita Roja y el Lobo Feroz

La forma más usual de comunicarse en China es a través de un programa llamado QQ, una especie de msn mucho más popular entre los chinos que el messenger. A pesar de mi resistencia inicial, terminé por acceder y finalmente me saqué una cuenta. Una alumna china que tuve en Buenos Aires me fue indicando algunas cosas a través del msn, y gracias a ella pude instalar el programa. La agregué a mi lista de contactos del qq, y chateamos un rato. Dada la diferencia horaria, ella se fue a dormir y yo a pasear.
A la vuelta de mi paseo veo que tengo un nuevo mensaje en qq, y pensé que algún otro alumno me había enviado alguna solicitud de amistad, como ocurre con el msn. Así fue: alguien con nombre chino quería agregarme a sus contactos. Como no había prácticamente nadie que tuviera mi cuenta, ingenuamente decidí agregar a est@ chin@ y preguntarle luego quién era, seguramente la otra chica le habría pasado mi cuenta a otro alumno y entonces tendría un nuevo amiguito para chatear.
¡¡¡Hola!!! le digo, esperando alguna respuesta en español. Pero no, la respuesta llegó en chino. ¿Será alguno de mis estudiantes haciéndome una broma? Estos picarones… Google Translator me ayudó a interpretar lo que me estaba diciendo: “Estás sola en casa?”. Qué raro, pensé… suena porno… pero el traductor del google es raro también y todo para mí tiene siempre un doble sentido, así que simplemente le pregunté quién era. No me respondió, y me invitó a chatear por web cam. Como mi cámara no estaba conectada, no tuve miedo a que me viera en piyama, y acepté para verle la cara al loco que me estaba haciendo un chascarrillo. Grande fue mi sorpresa cuando se activó la webcam y no era precisamente su cara lo que estaba en la lente de la cámara. En los pocos segundos que tardé en bloquearlo, pude apreciar la naturaleza china en todo su esplendor.

Nunca antes me había ocurrido una cosa así, pero evidentemente los lobos feroces acechan en todas partes del mundo, y justo me vino a tocar uno, por primera vez, del otro lado del planeta.

Elemental, Watson!

Es una obviedad lo que voy a decir, pero en China hay muchos chinos. Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuchoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooossssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss.

Love is in the air

Sabía que me iba a olvidar cosas, pero no pensé que iba a ser tan tonta de olvidarme el líquido para guardar y limpiar las lentes de contacto. Me traje solo un envase chiquito de solución salina a medio usar, así que en cuanto encontré una óptica corrí hacia ella en búsqueda del mentado líquido elemento.
La vendedora, simpatiquísima, me habló en chino. Primer obstáculo. Ante mi mirada atónita y mis gestos desenfrenados atinó a decirme muy sonriente “little english” y me señaló algo que parecía ser lo que estaba buscando. Inmensamente feliz, le agradecí con una gran sonrisa. Me mostró otros productos similares, sin dejar de decirme “sorry, just little english", lo cual resultaba evidente cuando intentaba realizar la venta: “this is for the fish”. ¿Habrá querido decir “wash” tal vez?
Esas nimiedades me resultaban indiferentes y hasta tiernamente simpáticas, y a cada “sorry, little english” yo le respondía con una sonrisa “don't worry, you are very kind, thank you very much!!”. Incluso me salió un espontáneo “I love you!” cuando finalmente me mostró lo que estaba buscando. ¡Eureka! ¡Lo había encontrado!
Sin dejar de agradecerle por su amabilidad, la seguí hasta la caja para pagar el producto. Antes de irme la saludé y le agradecí nuevamente, me despedí y partí feliz por haber realizado en (relativamente) poco tiempo la compra que más necesitaba. Desde la puerta agité mi mano en señal de despedida mientras ella, siempre muy sonriente, no dejaba de repetirme “I love you! I love you!”

Comunication breakdown

Decidí comprarme un celular chino, dado que el mío argentino no estaba funcionando y no tenía forma de comunicarme con nadie. Es curioso: no hay locutorios o cibercafés o simplemente un lugar donde usar Internet y/o hacer una llamada, eso es imposible de encontrar. Por el contrario en algunos kioscos hay teléfonos fijos de línea (como los de las casas) que se pueden usar, con absoluta indiscreción ya que el empleado está al lado tuyo escuchando impunemente. Entré a uno de esos kioscos e intenté decirle al muchacho que quería llamar a Argentina, cuando finalmente me entendió me dijo que no se podía. O al menos eso creo que dijo... En fin, dado mi aislamiento (estoy provisoriamente sin internet) resolví comprar un celular. Entré al primer local que encontré y a través de señas, dibujos, gestos y muchíiiiiiiiiiisima paciencia por parte de los chicos que me atendieron (ninguno hablaba inglés tampoco), salí con mi celular nuevo. ¡Topísimo! Lástima que el manual de instrucciones y algunas de las aplicaciones estén en chino...

Mi primer paseo por las calles de ZZ.

Urgida por satisfacer una de mis necesidades básicas, salí del depto. en busca de algo para comer. No hay semáforos, los autos tocan bocina para pasar o se meten por cuanto lugar encuentran entre las motitos, las bicicletas motorizadas, las bicicletas a pedal y los chinos que caminan despreocupados sin temor a ser arrollados. Cruzar la calle fue para mí turismo aventura. Me faltaba el arnés. Me acordaba del capítulo de la pantera rosa cuando quería cruzar la calle y me reía sola: me sentía igual!!
Llegué hasta lo que debe ser una gran avenida, con puestos en la calle para comprar de todo (ropa, zapatos, comida, etc.) y negocios con carteles luminosos. La avenida es gigante, la mitad de la 9 de Julio más o menos, y a los costados se abren distintas peatonales, muy anchas, con negocios también, con carteles luminosos también, y lo que parecen ser departamentos. Los puestos de comida venden cosas que en su mayoría no podría decir qué son. También venden frutas, rodajas de melones grandísimos pinchadas en un palo y que uno puede comer como si fuera un helado de palito. ¡Riquísimo! Como estoy recién llegada, y para no maltratar de entrada a mi pobre estómago, decidí entrar a un local para comprar algo de comida. Gracias a mi dedo pude señalar algo que no sé qué era, pero que picaba como la rep#$%$%$/$%%%#%#%"$/%&/!!!!!!!
Curiosamente, a pesar de ser 100000000000000000000000000000, las calles están limpias. No hay basura tirada, a excepción de las colillas de los cigarrillos, y los escupitajos de los hombres. Un verdadero asco, por cierto... Cerca de los locales de comida callejera el olor es nauseabundo, como a pedo de pescado muerto, espantosamente inmundo. Vomitivo.
En síntesis, si se multiplica el barrio chino porteño por 100000000000000000000 quizás sea posible darse una vaguísima idea de cómo es el lugar donde estoy viviendo ahora.


Home sweet home

Llegué al depto. Me fueron a buscar al aeropuerto y me trajeron al lugar que será mi hogar por el próximo año. Por afuera el edificio es horrible, más o menos parecido a los monoblocs de Lugano, las paredes descascaradas, las escaleras sucias (vivo en el 5° piso y no hay ascensor!!) pero el exterior contrasta enormemente con el interior, ya que adentro el departamento es realmente muy lindo y muy cómodo. Tiene todo lo necesario y me lo dejaron bastante limpio.
Solo una cosa tengo para objetar: tanto los controles remotos de la tele y del aire acondicionado como el microondas y el lavarropas están en chino!! Tardé como media hora tratando de apagar el aire, y como no pude finalmente terminé por desenchufarlo. Una semana antes de venirme aprendí a usar un lavarropas, y este que tengo acá está en chino así que por el momento tendré que lavar a mano... maldición.
Estoy empezando a experimentar lo que es ser analfabeto...


Blue sky

¡¡Llegando a Beijing!!



¿Caca de paloma?


A medida que nos vamos acercando, la polución se va haciendo más notoria...


Desde el avión se veía el cielo celeste, pero desde que aterricé todo se ve gris.Bye bye blue sky, I'm gonna miss ya!

En el aeropuerto de Doha, Qatar



“Mi texto será fiel: líbreme Alá de la tentación de añadir breves rasgos circunstanciales o de agravar, con interpolaciones deKipling, el cariz exótico del relato” (JLB)

El free shop de Doha me causó gracia: souvenirs pequeños de jeques, lámparas como las de Aladino, tazas con forma de camello, adornitos con forma de camello, llaveritos con forma de camello, muchos camellos, camellitos, camellotes, y las típicas cajitas árabes entre otras cosas. Saqué algunas fotos hasta que un morochazo vestido de seguridad me dijo en un inglés afectado que guardara la cámara. No quería tener tan pronto mi primera desventura y menos en un país árabe, así que eso hice.
Continué paseando por el inmenso centro comercial atónita ante las cosas que encontraba, y lo que más me llamó la atención fue que las consabidas marcas internacionales de cosmética femenina tenían un particular énfasis en los artículos de belleza para los ojos, había de todas las marcas, vidrieras gigantes, perfectamente iluminadas. Y también había perfumes. Y carteras. Y trajes para hombres, zapatos para hombres, marroquinería para hombres. No había nada de indumentaria femenina. Nada de nada, de ninguna marca. No había prendas de vestir, ni zapatos, ni joyerías, y a decir verdad las carteras eran pocas comparadas con la variedad de bolsos, portafolios y valijas que había para hombres. Pero de todo eso no me percaté hasta que vi a la primera mujer. Lo había visto por tele, lo había leído en diarios, revistas, etc., pero nunca lo había visto en persona. Impresiona. Mujeres cubiertas de pies a cabeza, algunas ni siquiera tenían la abertura de los ojos sino un velo negro, al igual que sus burkas. Y todas, con esos ojos perfectos, negros, renegridos, maquillados, dibujados, hermosos, enormes, increíbles.
La gran mayoría, sin embargo, llevaba la cara al descubierto. Sí tenían cubiertos el cuerpo y el pelo, pero la cara no. El maquillaje era perfecto, la piel era perfecta, las caras eran hermosas. Y sin embargo... Mujeres de todas las edades, grandes, jóvenes, viejas, chiquitas, todas de negro y con el pelo cubierto. Lo que saltaba a la vista claramente era la clase social a la que pertenecían, que fácilmente se podía reconocer por la calidad de las telas y por los accesorios que acompañaban su (¿monótona?) indumentaria: zapatos lujosos, chales de seda, carteras de Louis Vuitton, Dolce & Gabbana, y Chanel, y un “paje” (¿eunuco?) que las seguía y les cargaba el bolso de mano, también de marca. Había algo en la actitud que se les filtraba, cierta altanería que no condecía con (al menos, mi construcción de) la realidad. Tenían mucho (porque en los países árabes los que tienen evidentemente tienen MUCHO), pero eran de un hombre. No estaban solas, ninguna de las mujeres que vi estaba sola, había al lado de ellas o cerca un hombre por lo menos, cuando no más. Es que parecía que viajaban en grupo, varios hombres con sus mujeres (¿cuántas serían?). Las parejas más jóvenes iban de la mano. No sé por qué, pero eso también me pareció tan raro... suelo interpretarlo como un gesto cariñoso, e incluso eso era lo que parecía, y sin embargo...
A diferencia de las mujeres, todas de luto negro, los hombres llevan inmaculadas e impolutas túnicas blancas hasta el piso, sandalias y una kufiyya también blanca contornada por otra tela que la sujetaba, de color rojo o negro.
Había también hombres y mujeres de otros países, con caras exóticas, maravillosas, que serían probablemente de la India, Egipto, algún país africano o de cualquiera de esos otros países que nos resultan aún más remotos que “la China”.
Sin embargo, las mujeres árabes (¿de qué país serían?) eran las que más llamaban mi atención. Las miraba y no podía dejar de preguntarme qué les pasaría por la cabeza cuando me veían a mí, desfachatada, con borcegos, babucha arrugada, remera escotada y los rulos desprolijamente acomodados. Nacieron así y la mayoría vivirá siempre así, con el cuerpo cubierto, la cabeza cubierta, ¿el pensamiento también cubierto, tapado, sesgado? ¿Qué pensarán? ¿Cómo vivirán sus vidas, sus rutinas, sus silencios?
En la cola para embarcar al avión que me llevaría a Beijing le sostuve la mirada a la única mujer que también me la sostuvo, a la que apenas se le podían ver los ojos a través de la minúscula abertura de su burka. Parecía joven. Nos miramos con curiosidad un rato, hasta que el hombre que la acompañaba volvió y la tomó de la mano. Por un instante no dejó de mirarme pese a eso, pero enseguida retomó su rol de “mujer” y me ignoró lo más que pudo. Sin embargo yo continué sintiendo su mirada, atónita, curiosa, preocupada, que me gritaba, que me advertía del riesgo, de la amenaza, que me decía que me fuera, que ese sitio no era para mí, que mi vida corría peligro, que no estaba en el lugar adecuado, ni mucho menos con la indumentaria adecuada. Me dio lástima, tuve una profunda pena por ella, por todas las mujeres, pero particularmente por ella ya que sentía que me gritaba con la mirada. Quería llorar. No supe qué hacer. Le di la espalda ¿qué otra cosa podía hacer? No podía hablarle, decirle que lo lamentaba, que se escapara, que se viniera conmigo, que había otro mundo, otra vida. Me fui. No lo pude soportar.

Adjudiqué posteriormente esta infeliz experiencia al hecho de que, en realidad, estaba haciendo la cola equivocada para tomarme el avión equivocado que vaya uno a saber a qué destino equivocado me llevaría, probablemente a alguno de esos países a los que no se le está permitida la entrada a mujeres desfachatadas, con borcegos, babucha arrugada, remera escotada y los rulos desprolijamente acomodados, y pude entender que su mirada efectivamente me estaba advirtiendo del peligro y diciendo todo eso que yo sentí.
Así como al pasar, podría decir también que casi pierdo el vuelo a Beijing, si no hubiera sido por la mirada de esa mujer advirtiéndome del peligro. Así Alá me dio la bendición y me recompensó.


El vuelo

Buenos Aires ~ San Pablo
San Pablo ~ Doha
Doha ~ Beijing
Beijing ~ Zhengzhou